Por Ramón Pérez Machuca
Secretario General de Fetracose

 

 

Laguna de Zapallar es una playa ubicada entre Maitencillo y Cachagua, perteneciente a la comuna de Zapallar, provincia de Petorca, en la ribera norte de la laguna que se une en la desembocadura del estero Catapilco y por el norte con el balneario de Cachagua. Cuenta con una larga playa, que une las de Maitencillo con las playas de Frutillar, Las Ágatas y la de Cachagua. Tiene muchas casas de veraneo y un hermoso paseo por la avenida La Laguna, llena de patos domésticos y salvajes en armoniosa convivencia.

 

Allí están las cabañas del Sindicato de Trabajadores Nº1 de Copesa, entre cerro y laguna, entre carretera y mar, en la vieja calle Los Eucaliptus que nos lleva hasta la iglesia del pueblo los domingos.

 

Luis Navarro, un antiguo dirigente sindical y uno de los más antiguos trabajadores de Copesa que van quedando, nos cuenta: “No conozco la historia de cómo nos hicimos del actual terreno de las cabañas, antes de que yo presidiera el Sindicato de Trabajadores Nº1 de Copesa en el año 1984; sólo existía un terreno de dunas de arena a orillas de un bosque de pinos, sin cierre perimetral, un escuálido barracón de madera, una cisterna para el agua potable, con capacidad de 8.000 litros, mandada hacer por Ernesto Mena, un dirigente que ya no está, agua que los usuarios debían comprar a $8.000 la camionada, y un empalme de luz que alimentaba el alumbrado tenue de las piezas de las mediaguas”.

 

Un barracón dividido en cuatro mediaguas separadas entre ellas por una escuálida pared de tablas que hacían imposible la privacidad, un baño tipo pozo negro y ducha a la intemperie, dice Rubén Delgado, otro saurio del sindicato y uno de los primeros socios en aprovechar los beneficios y recurrente usuario de estas, hasta que el tiempo y el ahorro permitieron que accediera a su propia casa en la playa de Cartagena. Pero a Rubén le queda el recuerdo lindo de esos primeros años que junto a su mujer  vieron jugar y crecer a su hijo ahora adulto. Sus ojos se humedecen mientras recuerda sus vivencias de juegos en la playa y la extracción de “machas” al viejo estilo, bailando twist con el talón, y los asados compartidos con las otras familias.

 

MAS AVANCES

 

Fue un verdadero calvario la instalación de la copa de agua y la construcción de la noria en la arena para mantener agua potable para los usuarios en tiempos en que esta era un bien escaso, nos relata Luis Navarro. Entre dos cabañas y sobre el pozo de extracción de agua se construyó la torre y al modo “egipcio”, a puro pulso, con ayuda de algunos socios, se subió la copa de agua con capacidad de 5.000 litros.

 

En 1987, un lamentable hecho ocurrido en la zona, vientos huracanados, un pino añoso y apolillado de grandes dimensiones destruyó la escuálida construcción de madera, dejando en evidencia algunos problemas legales con los terrenos, los que se tuvieron que recomprarse para legalizar la escritura a nombre del sindicato y obligó a replantearse la necesidad de construcciones más sólidas y aisladas que dieran mayor dignidad a los socios y sus familias. Fue así que, a fines de noviembre de 1987, con mucha fuerza, coraje, tesón, y la absoluta convicción de que ésta era una muy buena inversión para los socios del sindicato en lo social, la directiva en pleno con Luis a la cabeza, recurrieron a la empresa por ayuda monetaria, y fueron tan convincentes que ya en el año 1988 se compraron las primeras dos cabañas. Así, año tras año fueron invirtiendo y mejorando cada vez más sus condiciones de calidad, actualmente son seis cabañas totalmente equipadas para seis personas, con televisión y TV cable incluido, claro que con ayuda de las otras dirigencias posteriores porque este es un trabajo permanente de abnegación y compromiso de todos.

 

En el año 2008, se logró que la empresa entendiera lo valioso de esta propiedad para los trabajadores que en verano no tienen donde más ir, y en el contrato colectivo quedó establecida una ayuda permanente que ha permitido cada año potenciar y hermosear las cabañas para el uso y goce de nuestros asociados y de todos los trabajadores de la empresa Copesa.

 

Por una pequeña cantidad de dinero, se puede acceder a ellas en cualquier época del año, este dinero paga la mantención de las cabañas, porque es sin fines de lucro, todo lo que se recauda se reinvierte en las mismas, así cada año que pase serán más hermosas y más parecidas a nuestros propios hogares, porque así las sentimos: nuestra casa en la playa.