Por Ramón Reyes A.
Presidente
S/3 de Periodistas y Afines

El fruto de esta reflexión parte de una conversación con uno de nuestros socios, participante activo en las negociaciones colectivas, sobre las elecciones para renovar el directorio de nuestro sindicato. El diálogo transitó, primeramente, sobre el evidente desinterés de una mayoría de los trabajadores por la actividad sindical, situación que se agrava cuando no se vislumbran compañeros y compañeras dispuestas a asumir roles directivos.
Y este socio me lanzó la pregunta a la yugular: “¿Crees que a la gente le interesa que exista el sindicato?”. Y él mismo se respondió: “Yo creo que no”. Tras cartón, como dicen los comentaristas deportivos, comenzó a enumerar una larga serie de ejemplos que, en su opinión, avalan su pensamiento. “Tu crees que le interesa el sindicato a personas que no asisten a las asambleas de la negociación colectiva o que se les debe amenazar con multas para que concurran; que no están en las manifestaciones, que no leen los paneles, que ni siquiera abren los correos del sindicato y, lo más delicado, que negocian sus condiciones salariales por cuenta propia. Sinceramente, el sindicato no les interesa”.
Pensé que ese socio no dejaba de tener cierta razón. Más todavía al esgrimir otras consideraciones personales. “Además, la gente sabe que la pega se la harán cuatro o cinco dirigentes, a los que no tendrán ningún reparo en cuestionar y criticar, a veces de manera artera, si no consiguen lo que estas personas pretenden, sin importar que su aporte haya sido absolutamente nulo. ¡No! Por compañeros así, no estaría dispuesto a dar mi esfuerzo voluntario como dirigente”. Quise entender su razonamiento. Y lo respeto. Hay mucho de verdad en sus palabras. Sólo que los hombres que toman el liderazgo en una organización sindical están hechos de una madera especial. Son aquellos que por su conciencia social y voluntad para hacer cosas en beneficio de sus pares, no se amilanan frente a los desafíos que le imponen el invidualismo, el desinterés y el egoismo de una parte de sus compañeros de trabajo. Que no cejan en sus afanes pese al actual
Código del Trabajo y otras leyes laborales emanadas de la llamada “clase política”. Que no se rinden con facilidad a la hora de enfrentar el poderío de una gran empresa. Que gastan muchas horas de su vida, que complican su salud, que comprometen el desarrollo profesional y la tranquilidad personal y hasta familiar, en favor de sus compañeros de trabajo. Sí, es cierto, pueda que exista en estas personas, algo de masoquismo.
Pero, la experiencia enseña que no hay que meter a todos en un mismo saco. También contamos con compañeros que se involucran en el quehacer sindical, que acompañan y ponen el pecho junto a sus dirigentes en las demandas laborales,  y que están claros que la unidad es la vía que nos llevará a alcanzar un mejor bienestar laboral.
Y, por respeto a esos trabajadores, quienes sigan o se integren -lo que espero de corazón- a la dirigencia del Sindicato Nº 3 de Periodistas y Afines, poco les importará bordear el masoquismo en pos de sus convicciones e ideales