Por Luis Isla V.
Vicepresidente Fetracose
 

Escribimos con el dolor lacerando nuestro corazones, por la partida de
una pléyade de 21 chilenos ejemplares que ofrendaron sus vidas en la
inhóspita geografía del archipiélago Juan Fernández.
Personas generosas que murieron en una misión solidaria, en pos de
ayudar a las víctimas isleñas del maremoto de febrero 2010, las que,
como tantas otras, han carecido de la preocupación gubernamental.
Entre las 21 víctimas figuran los Felipe. Uno, Camiroaga, enorme
comunicador, el más rutilante de la televisión chilena. Y también el
más comprometido, el que nunca dudó en pronunciarse políticamente por
quienes consideraba más capaces y honestos, así como también entregó
siempre su apoyo irrestricto, muchas veces silente y alejado de las
cámaras, a la causa de los desposeídos, niños, ancianos, trabajadores
y otros parias de la clasista sociedad chilena. Y, últimamente, con
cuerpo, corazón y alma, como él mismo dijera, manifestó su público
apoyo al movimiento estudiantil, liderado por adolescentes y jóvenes
favorecidos con la luz del entendimiento y la razón, que no por
casualidad suman el apoyo del 80 por ciento de la población chilena.
También se cuadró en contra del proyecto Hidroaysén, que atenta contra
la naturaleza patagónica, y anteriormente, hizo lo mismo ante la
programada devastación de Punta de Choros y otros intentos
devastadores anti naturaleza.
Ese era Felipe Camiroaga, corazón valiente.

Cubillos, en tanto,  abogado, empresario, deportista y emprendedor,
pero por sobre todo, un filántropo, que disfrutaba la vida dando a
otros, compartiendo con los más postergados, con las víctimas sociales
de un país segmentado por estratos e ingresos. Apenas ocurrido el
terremoto de febrero 2010 y el siguiente maremoto, corrió en eyuda de
sus compatriotas daminificados y junto a varios de sus amigos creó la
Fundación Levantemos Chile. Fue el primero en llegar a los sitios
afectados, mientras el Gobierno se emborrachaba en promesas todavía
incumplidas.
Ojalá el uno por ciento de los empresarios multimillonarios imitaran
minimamente a Felipe Cubillos, y así nuestro Chile dejaría de ser uno
de los países del mundo con las mayores desigualdades  en la
distribución de la riqueza, alentado por  la figura del multirut que
permite evasión de impuestos y que los ricos sean cada vez más ricos y
los pobres se hundan en sus miserias. Un país así denota enfermedad,
no solo física y material, sino muy fuertemente moral. Y quienes
encarnan el poder, en lugar de modificar las injusticias sociales, las
profundizan con políticas retrógradas, carentes de principios y
valores, en las que solo impera el lucro..
Camiroaga y Cubillos, los Felipe, consecuentes en el pensar, decir y
hacer, representaban en buena medida la expresión de que no todos los
que han visto y vivido la vida sin las lacerantes carencias
materiales, son seres egoístas, individualistas, adoradores del
becerro de oro. Por el contrario, estaban empapados de una tremenda
humanidad y comulgaban, sin condiciones, con el sustativo que nos une
como personas en función del país, de la nación: la solidaridad.
Por eso, los trabajadores de la Federación de Trabajadores de Copesa,
sentimos dolor, como si dos compañeros de ruta se hubiesen extraviado
tempranamente en el camino hacia el Más Allá. Nuestras condolencias y
nuestro compromiso por sembrar la semilla de la justicia social en
cada centímetro de nuestra organización, para que más temprano que
tarde, podamos vivir en una auténtica patria de hermanos.
Camiroaga y Cubillos no han muerto, perdurarán en el sentimiento de
los chilenos agradecidos. Gracias por todo.